A las 7:19 del jueves 19 de Septiembre, hace 22 años, se registró el sismo de 8.1 grados en la escala de Richter y de más de 2 minutos de duración que, en conjunto con la réplica ocurrida el 20 de Septiembre a las 19:38, con una intensidad de 7.9 grados, ha sido catalogado como la peor tragedia en la Ciudad de México.De acuerdo con cifras oficiales, el saldo fue de entre 6 y 7 mil personas fallecidas y 10 mil heridos, mas de 50 mil familias perdieron sus hogares, aunque sabemos que los datos oficiales muchas veces son menores que los reales. Las pérdidas materiales calculadas fueron de 4 mil millones de dólares. Se calculó que aproximadamente 68 mil edificios sufrieron daños estructurales de algún tipo, 880 quedaron completamente en ruinas y 2800 tuvieron que ser demolidos. El movimiento afectó también a Chiapas, Oaxaca, Puebla y Veracruz. Sin embargo, los daños mas severos se registraron en el Distrito Federal.
Tanto el edificio de Televicentro (hoy Televisa Chapultepec) como el Hospital Juárez se desplomaron. El edificio de departamentos Nuevo León en Tlatelolco, el Centro Médico Nacional (en el cual se logró un rescate humano de 2.000 personas), una factoría de costura en San Antonio Abad y el Hotel Regis, anexo a la alameda central, quedaron reducidos a escombros. Hubo gente que fue rescatada viva entre los escombros hast
a 10 días después de ocurrido el temblor.
Después de haberse recuperado del shock del terremoto, las autoridades no sabían ni por dónde empezar a organizar el desastre, pasaron 39 horas antes de que nuestro presidente de aquellos días, Miguel de la Madrid hablara públicamente sobre el hecho, e incluso rechazó inicialmente la ayuda internacional, hasta que se dio cuenta de que necesitábamos del apoyo extranjero. Ahora tal vez estemos mejor preparados para enfrentar un desastre natural, de hecho se ha demostrado una respuesta adecuada de la población en situaciones como los huracanes que cada año amenazan al país. Desde entonces, en la ciudad de México se instaló una alarma sísmica con la finalidad de que anuncie la llegada de un temblor a la ciudad de México mayor a 6 grados en la escala de Richter, exclusivamente proveniente de las costas de Guerrero; se han hecho más de 60 reformas al reglamento de construcción, y sobre todo se han elaborado programas de educación gracias a los cuales todos reconocemos las rutas de evacuación y la conducta a seguir en casos de emergencia.
El terremoto ha quedado solamente en la memoria de aquellos que sobrevivieron, en los edificios que permanecieron de pie, pero sobre todo, en el corazón de quienes perdieron parte de su familia, personas a quienes el temblor no les destruyó la casa sino la vida. Por todas las personas fallecidas hace 22 años, un minuto de silencio...
Tanto el edificio de Televicentro (hoy Televisa Chapultepec) como el Hospital Juárez se desplomaron. El edificio de departamentos Nuevo León en Tlatelolco, el Centro Médico Nacional (en el cual se logró un rescate humano de 2.000 personas), una factoría de costura en San Antonio Abad y el Hotel Regis, anexo a la alameda central, quedaron reducidos a escombros. Hubo gente que fue rescatada viva entre los escombros hast
a 10 días después de ocurrido el temblor.Después de haberse recuperado del shock del terremoto, las autoridades no sabían ni por dónde empezar a organizar el desastre, pasaron 39 horas antes de que nuestro presidente de aquellos días, Miguel de la Madrid hablara públicamente sobre el hecho, e incluso rechazó inicialmente la ayuda internacional, hasta que se dio cuenta de que necesitábamos del apoyo extranjero. Ahora tal vez estemos mejor preparados para enfrentar un desastre natural, de hecho se ha demostrado una respuesta adecuada de la población en situaciones como los huracanes que cada año amenazan al país. Desde entonces, en la ciudad de México se instaló una alarma sísmica con la finalidad de que anuncie la llegada de un temblor a la ciudad de México mayor a 6 grados en la escala de Richter, exclusivamente proveniente de las costas de Guerrero; se han hecho más de 60 reformas al reglamento de construcción, y sobre todo se han elaborado programas de educación gracias a los cuales todos reconocemos las rutas de evacuación y la conducta a seguir en casos de emergencia.
El terremoto ha quedado solamente en la memoria de aquellos que sobrevivieron, en los edificios que permanecieron de pie, pero sobre todo, en el corazón de quienes perdieron parte de su familia, personas a quienes el temblor no les destruyó la casa sino la vida. Por todas las personas fallecidas hace 22 años, un minuto de silencio...